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Estudiante de la UNED Educación Social.
Nadie duda de que la ley integral española, que ahora cumple seis años, ha servido para salvar vidas. Pero las cifras de mujeres asesinadas constatan que la norma no es suficiente. El triste repunte de víctimas (han muerto 71 mujeres en el 2010, más que en el 2009) demuestra la dificultad de acabar con la principal causa de muerte de mujeres de 15 a 44 años en España. El 75% de las fallecidas no habían pedido ayuda.

Para erradicar los ataques y que las mujeres que no se atreven a denunciar empiecen a confiar en la justicia, los especialistas reclaman más acciones de educación y de concienciación, así como de formación de todos los actores que pueden ayudar a las víctimas a escapar del círculo de la violencia.

En cinco años, han sido condenados 145.000 maltratadores y han fallecido 47 de las 140.000 mujeres que contaban con órdenes de protección.

Un 12% de las mujeres que pidieron ayuda rehusaron continuar con la acusación porque tenían miedo y se acogieron al derecho a no declarar contra sus parejas.

El problema es que las víctimas de maltrato, a diferencia de los afectados por otros delitos, no siempre desean que el agresor acabe entre rejas. Quieren que la violencia cese, pero muchas de ellas perdonan una y otra vez a sus verdugos, lo que en ocasiones lleva a un fatal desenlace.

Los fallecimientos se han reducido solamente un 8, 3 % desde el 2004.

En Catalunya se celebran actos para celebrar el Dia Internacional de la Violencia contra las Mujeres ( 25 de Novienbre) , instauradas por la ONU en 1999.







jueves, 3 de febrero de 2011

Mireia Martí: "Cuando él volvía a casa, me temblaban las piernas"

Como en el caso de María José Carrascosa -la abogada valenciana que cumple prisión en EEUU acusada de secuestrar de su hija-, la de Mireia Martí (Mataró, 1979) empezó siendo una historia de amor con un norteamericano y ha acabado en thriller judicial, con procesos abiertos a ambos lados del Atlántico.


Mireia Martí. ferran nadeu
Edición Impresa Versión en .PDF Información publicada en la página 80 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 03 de febrero de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)
-¿Cómo se conocieron?

-Le conocí volviendo en Talgo de Madrid. Me contó que era hijo de un reconocido científico norteamericano y que se había tomado un descanso de los estudios de Medicina.

-Y se enamoró.

-Me conquistó por las cualidades que realmente no tiene: nobleza, empatía, ternura. Tras unos años carteándonos, lo dejé todo y me fui provisionalmente con él a El Paso (Texas). Pronto vi que se encerraba 10 horas con el ordenador. Le pregunté qué le pasaba y me explicó que sufría un trastorno por déficit de atención y que necesitaba recluirse para estudiar -ha hecho Matemáticas y Biología, le echaron de Medicina y ahora estudia Ingeniería Informática-. Abusaba de unos fármacos que contenían anfetamina y tenía altibajos.

-Aun así, se casaron.

-Y al cabo de un año me quedé embarazada. Empezó el maltrato psicológico. Me decía «no vales para nada» o «adónde vas así, si pareces una foca». Iba minando mi personalidad. Cada vez tenía menos independencia. Regresamos a Mataró y tuve a mi hija.

-Eso le debió de dar seguridad.

-Sí, pero los malos tratos aumentaron. Durante el segundo embarazo empezaron los empujones, los insultos y las amenazas de que se llevaría a las niñas a EEUU. El 16 de diciembre del 2009 se fue a su país diciendo que si no le seguía, ya sabía a qué atenerme.

-¿Se fue así, sin más?

-Sí. No me pasaba un duro ni llamaba para saber de las niñas. Inicié un proceso de separación. Al cabo de seis meses volvió con la bandera blanca, argumentando que las niñas merecían tener un padre. Me convenció para ir con él a Boston.

-No comprendo cómo aceptó.

-Siempre acababa haciendo lo que él quería por temor a sus amenazas. Nada más llegar me dijo: «Ahora no te puedes escapar, eres mía». En ese mismo instante habría vuelto, pero si lo hacía, podía acusarme de abandono de hogar y secuestro de menores.

-Estaba atrapada.

-¿Recuerda la película Durmiendo con su enemigo? Me veo reflejada. Él alineaba las sopas Campbell en el armario y si veía una mal colocada, venía y me decía: «Ven un momento. Lo ves, tienes que dejarla así». Cuando volvía a casa, me temblaban las piernas. Le evitaba al máximo. Intentaba dormir con las niñas. Pero su agresividad aumentó. Me empujaba, me cogía fortísimo del brazo. Así, hasta que la pasada Navidad regresamos a Mataró.

-Otra vez en casa.

-Sí. Pero el pasado 3 de enero, al volver de una comida familiar a la que no quiso ir, me dio una paliza y me dijo que, si lo contaba, me iba a matar. Entonces llegó mi madre y su pareja con un túper con comida que me había olvidado. Dejé a las niñas con ellos y salí corriendo, con él tras de mí, mientras llamaba a los Mossos. Me encontraron encerrada en un cajero y avisaron a la ambulancia. El médico certificó contractura lumbar, policontusiones y hematomas.

-¿Qué pasó con él?

-Lo arrestaron y dictaron una orden de alejamiento. Tres semanas después se fue a EEUU y al poco recibí una notificación de divorcio. Mientras que en España presentaba una falsa prueba de paternidad que pretendía demostrar que las niñas no eran suyas para no pagar manutención, en EEUU las reclamaba.

-Hay rasgos parecidos a la historia de Carrascosa.

-Una diferencia es que a mí me ha denunciado por intento de envenenamiento. Pidió a Interpol que me detuvieran en cualquier aeropuerto. Interpol me llamó y se aclaró todo. Pero como en EEUU no tengo derecho a un abogado de oficio, mi defensa asciende a 40.000 euros y no dispongo de ese dinero. Necesito ayuda económica o un abogado estadounidense que me represente allí.

-¿Podría acabar entre rejas?

-Lo curioso es que él no pide cárcel para mí, sino una indemnización de 100.000 dólares. Supongo que su intención es que no pueda tener nada a mi nombre. Es posible que me pase la vida pagando algo que no he hecho, pero tengo a mis hijas conmigo. Gracias a ellas no me he vuelto loca.

-Y se acabó el miedo...

-En el 2015 podrá entrar en España y hacer lo que guste. El miedo no cesa.